VIII Cuando, en la mañana después de esta cena, que era formar una era en su vida, Mme. Favoral despertó, su marido estaba ya para arriba, lápiz a disposición, y el calcular ocupado. El encanto había desaparecido con los humos del champán; y las nubes de los días peores recolectaban sobre su frente. Notando que su esposa lo miraba, “Es trabajo costoso,” él dijo en un tono del pen#asco, “fijar ir del negocio; y no haría para comenzar el excedente otra vez diario.” Para oírlo hablar, uno habría pensado que Mme. Favoral solamente, por el dint difícilmente del petición, lo había persuadido en ese costo cuál él ahora se parecía lamentar tanto. Ella llamó reservado su atención al hecho, recordándolo que, lejos de la impulsión, ella tenía se esforzó para sostenerlo detrás; repitiendo que ella augured la enfermedad de ese excedente del negocio que él era tan entusiástico, y que, si él la creyera, él no aventuraría. “Hacerte incluso saben cuáles es el proyecto?” él interrumpió groseramente. “No me has dicho.” “Muy bien, entonces: dejarme en paz con tus presentiments. Tienes aversión a mis amigos; y yo sierra muy bien cómo trataste a Mme. de Thaller. Pero soy el amo; y qué he decidido seré. Además, he firmado. De una vez por todas, te prohíbo que me habla siempre otra vez en ese tema.”