¡Y con qué orgullo, a partir de la semana a la semana, ella vio su pequeño tesoro hinchar, a pesar de los bosquejos ella hizo sobre él, para comprar a veces un juguete para Maxence, para agregar a veces algunas cintas o baratijas al tocador de Gilberte! Ésta era la época más feliz de su vida, un alto en ese viaje doloroso con el cual ella se había estado arrastrando por tan muchos años. Entre sus dos niños, las horas volaron la luz y el rápido como tan muchos segundos.