Ya en la vecindad él tenía esa reputación a ser muy rica, que es el principio de riquezas sí mismo. Lo admiraron para guardar su casa con tal economía rígida; para un hombre se estima siempre quién tiene dinero, y no lo pasa. “Él no es el hombre siempre para malgastar qué él tiene,” a los vecinos repetidos.